Cómo elegir tu base de cotización sin arrepentirte en enero
Qué te juegas al elegir base: lo que pagas cada mes frente a lo que cobrarías si te pones enfermo o dejas de trabajar. La decisión que más gente toma sin mirar.
Cómo elegir tu base de cotización sin arrepentirte en enero
Base y cuota no son lo mismo
Esta es la confusión que está debajo de casi todos los arrepentimientos, así que vamos con ella primero.
La base de cotización es el sueldo que le declaras a la Seguridad Social. La cuota es lo que pagas cada mes, y sale de aplicar un porcentaje —alrededor del 31 %— a esa base.
La diferencia importa porque las dos cifras hacen cosas distintas. La cuota es lo que te duele todos los meses. La base es de donde sale todo lo que vas a cobrar el día que no puedas trabajar: la baja por enfermedad, la baja por accidente, el permiso por nacimiento de un hijo, la prestación por cese de actividad y, dentro de treinta años, la pensión. Elegir base mirando solo la cuota es elegir mirando la mitad del problema.
Cómo funciona el sistema desde 2023
Antes se elegía base casi libremente, y la inmensa mayoría elegía la mínima. Desde 2023 el sistema es por rendimientos netos: estimas lo que vas a ganar al mes, eso te coloca en un tramo, y dentro del tramo puedes moverte entre una base mínima y una máxima.
El rendimiento neto no son tus ingresos. Es lo que queda después de restar los gastos deducibles y, además, un 7 % adicional en concepto de gastos genéricos (un 3 % si eres autónomo societario). Ese es el número que hay que estimar, y equivocarse ahí es lo que descoloca todo lo demás.
Puedes ver qué cuota te toca con tu previsión en la calculadora de cuota de autónomo, con la tabla de tramos del ejercicio en curso.
Lo que hace que te arrepientas: la regularización
Aquí está la novedad que mucha gente todavía no ha asimilado. Lo que eliges no es definitivo: es una previsión, y la Seguridad Social la comprueba después.
Al año siguiente cruza tus datos con los que la Agencia Tributaria tiene de tu declaración. Si cotizaste por debajo de lo que ganaste de verdad, te reclaman la diferencia. Si cotizaste por encima, te la devuelven.
Esto cambia por completo la estrategia clásica de «declaro poco y pago poco». Ya no funciona: solo aplaza el pago y te lo junta todo de golpe, cuando ya te habías acostumbrado a la cuota baja y probablemente ya te habías gastado el dinero. Los sustos gordos que vemos en el despacho son casi siempre este, no el de pagar cuarenta euros de más al mes.
La consecuencia práctica es agradable, en realidad: no hay nada que ganar mintiendo. Estima lo mejor que puedas, ajusta durante el año y no te lleves sorpresas.
Puedes cambiar seis veces al año
No estás atado a lo que elegiste en enero. Se puede cambiar de tramo seis veces al año, con efectos a 1 de marzo, 1 de mayo, 1 de julio, 1 de septiembre, 1 de noviembre y 1 de enero, solicitándolo antes de que empiece el periodo.
Aprovecharlo es lo que separa un año tranquilo de un enero desagradable. Si en junio ves que vas a facturar el doble de lo previsto, subes tramo en julio y repartes la diferencia en el segundo semestre, en vez de que te la reclamen entera después. Si al revés se te ha caído un cliente grande, bajas y dejas de adelantarle dinero a la Seguridad Social.
Ponerse un recordatorio en febrero, abril, junio, agosto, octubre y diciembre para mirar cómo va el año es el consejo más barato de esta guía.
Por qué enero
Enero concentra tres cosas a la vez, y por eso es cuando duele:
- Entran las tablas nuevas. Los tramos y las cuotas los fija cada año la norma correspondiente, así que la cuota de enero no tiene por qué ser la de diciembre aunque tú no hayas tocado nada.
- Es uno de los seis momentos de cambio, y el único que te deja ajustar el año entero desde el principio.
- Suele coincidir con el momento en que ya sabes cómo cerró el año anterior, es decir, con la información que necesitabas para haber elegido bien.
El cambio de enero se pide en diciembre. Diciembre es cuando hay que hacer la cuenta, no enero.
Y si acabas de empezar: la cuota reducida
Si es tu primera alta —o hace años que no eres autónomo— te corresponde la cuota reducida, la que se conoce como tarifa plana: una cuota fija muy por debajo de la que te tocaría, durante los doce primeros meses, y otros doce más si tus rendimientos netos se quedan por debajo del salario mínimo.
Dos avisos. El primero: el importe de esa cuota lo fija la ley cada año, así que confírmalo el día del alta y no por lo que leíste en un foro. El segundo, más importante: durante la cuota reducida estás cotizando por la base mínima. Si te pones enfermo en ese periodo, cobras lo que corresponde a la base mínima. La tarifa plana es un descuento en el precio, no una mejora en la cobertura.
Qué te juegas exactamente
Estos son los números que casi nadie mira antes de elegir, y son los que convierten la decisión en concreta:
- Baja por enfermedad común. Cobras el 60 % de la base desde el cuarto día hasta el veinte, y el 75 % a partir del día veintiuno. Sobre la base mínima, eso es bastante menos de lo que necesitas para vivir.
- Baja por accidente de trabajo o enfermedad profesional. El 75 % desde el día siguiente.
- Nacimiento y cuidado de menor. El 100 % de la base, durante las semanas que correspondan. Es la prestación donde más se nota haber cotizado por encima del mínimo, y llega en el momento en que menos margen tienes.
- Cese de actividad. El 70 % de la base media de los meses anteriores, si cumples los requisitos.
- Jubilación. Se calcula con lo cotizado en los últimos años de tu vida laboral, muchos años. Cotizar siempre por el mínimo lleva, casi por definición, a la pensión mínima.
Cómo decidimos nosotros contigo
No hay una base buena para todo el mundo, pero sí hay preguntas que ordenan la decisión:
- ¿Tu trabajo depende de tu cuerpo? Un oficio manual, la carretera, la hostelería. Ahí la probabilidad de una baja larga no es teórica, y subir la base es comprar un seguro barato.
- ¿Hay hijos en el horizonte, a un año o dos vista? Es el caso en el que la base alta se paga sola.
- ¿Tienes ya un seguro privado de baja? Entonces puede que no necesites tanta base, y compensa mirarlo junto.
- ¿Cuánto te falta para jubilarte? Si estás cerca, los años que vienen pesan mucho más en el cálculo. Si tienes treinta y cinco años, pesan poco y la liquidez de hoy vale más.
- ¿Aguantas la cuota los meses malos? Una base que no puedes pagar en febrero no es una buena base. Los recargos por retraso existen.
Esta es exactamente la conversación que tenemos contigo antes de presentar el alta, y por eso no la dejamos en un desplegable del formulario. Está incluida en el alta de autónomo, sin coste añadido, igual que la elección del epígrafe.
Los porcentajes y los plazos de esta guía son los del caso corriente y las tablas cambian cada año. Si quieres el número exacto de tu situación, haz la cuenta en la calculadora o escríbenos y te lo decimos sin que contrates nada.